Hace años conocimos el proyecto del profesor de educación especial Andrés Collazos, se llamaba Resetea y consistía en un reloj que gracias a la tecnología facilitaba la gestión de los horarios y el tiempo a niños con trastorno del espectro autista (TEA) o con una discapacidad intelectual o cognitiva.
Uno de los peligros de utilizar opciones telemáticas durante el estado de alarma es que estudiantes o trabajadores con discapacidad no puedan acceder a ellos, pero hay entidades que se han volcado en ayudar a que los colectivos más vulnerables puedan aprovechar la tecnología para mejorar su formación y las posibilidades de encontrar un empleo cuando la sociedad retorne a la normalidad.
Fundación ONCE quiere que los videojuegos del futuro sean más accesibles para los jugadores que tengan discapacidad y por eso se está moviendo, participando en eventos y charlas sobre tecnología, para hacer ver a los desarrolladores la importancia de que sus creaciones sean accesibles para todas las personas.